
Dime..¿Y yo, por qué no puedo mirarme al espejo? ¿Ah?
¡El vidrio no tiene nada de malo! Es el reflejo lo incorrecto. Una torcedura por aquí, unas gotas pegadas por allá y el corazón bombeando enojos…y un grito apagado por detrás de los párpados. Por detrás, y por el otro lado, existe un Borges indiferente quien murmura algo de ébanos sutiles, cielos inversos…pero si así no funciona, al menos no para mí…lo que veo está lejos de ser poético. Cierto. Y también hay un Da Vinci, obsesionado y obsesivo. Y ese cristal tan dulce y helado trasladó maquinarias de instantes frágiles a la creación perfecta, miles de agujas perforaron su imaginación y el espejo fue testigo de un destello de historia…tomó fuego, ardió hasta el final. Qué puedo hacer si ya soy curiosa. Si tan perfecto eres, entonces déjame mirar ¿qué ganas al silenciar, si hay una llamita? …Si acaso existe… Claro, existe, para ellos…rabia…
Y luego, con tu mirada glacial y lisa me explicaste que no somos compatibles… ¿cómo? te confieso que no he terminado de entender. ¡Pero si sólo es un reflejo!
…De la rabia pasé a la pena. De la pena al silencio. Del silencio a la inconsciencia. Y penetré el espejo, violando sus secretos infinitos, sus miles de facetas, platas y mercurios en armonía, encandilada por reflejos verdes y acuosos que las mujeres no debemos saber. No lo debemos ver. Uno siempre generaliza. Y recordé que tuviste miedo. Uno siempre…entonces, algo pasó y un trocito de vidrio se coló por los poros de la piel, brotó lánguido y adolescente, exasperado por las imperfecciones, por las sombras, por los escalones de la edad. Se fue esparciendo por mi cara, llenando mis oídos y mi memoria…ahí estabas, frío, liso y honesto…esperando…contemplando las paredes verdes…y el rojo de reojo salpicado…todo invertido y soñando despierto, mientras yo veía como el mundo callaba y tu voz de iceberg “ no te hundas más”…
Un minuto de silencio, por favor, para regresar al otro lado del espejo…
Hoy, el corazón volvió a bombear. Sin rabias ni penas. Supe de inmediato que había sido un sueño, una pesadilla. El olor del café inundó la mañana y el tiempo regresó con sus alegrías y urgencias anodinas. En mi baño, el enorme espejo estaba intacto. Porfiado y altanero. Si no fuera por un pequeñísimo detalle, ahí, en la esquina inferior derecha.
Apenas visible.
Una diminuta trizadura.
Si quieren mi opinión…uno nunca tiene suficiente consciencia de si mismo…pero uno siempre generaliza…